viernes, 13 de marzo de 2009

CONVIVENCIA

Aprendí a herir inútilmente, despreciando la violencia.
Respaldé cada elección injusta, regocijándome en el equilibrio.
Mi conciencia gozó el ardid de la venganza, aún anhelando la paz de los hombres.
Los jolgorios familiares alcanzan el hartazgo, y me conmueve la miserable soledad del huérfano.
Mezquiné los halagos de la amistad y mi limosna busca la mano agrietada.
Soporto en los hábitos los errores de mis mayores, siendo único e irrepetible.
Está en mí, esa terrible dualidad del ser humano.

1 comentario:

Anónimo dijo...

1996 presente....Muy bueno