miércoles, 25 de marzo de 2009

DIARIO INTIMO

Ayer en la noche cenamos juntos.
Finalmente pude compartir con él momentos tan soñados en mi vida.
Improvisados una y otra vez, con cientos de palabras, en estas páginas de confesiones íntimas.

Su sonrisa contagiosa. Su mirada serena y seductora. La elegancia en su andar. La ropa moderna e impecable. El perfume golpeando cada sentido de mi ser. Su conversación inteligente, modulando palabras que me tornaban esclava del próximo movimiento de sus labios gruesos y alargados. Su buen hálito, su cordura desesperando mis modales.
La admiración por su profesión y el cuidado de sus prejuicios y su buena educación. Sus expresiones masculinas contaminándome un descarriado impulso por engullirlo. Las insinuaciones contenidas que invitaban a la locura desenfrenada. Instantes que torcían mi juicio condenado al desorden de las pasiones.

Ayer en la noche cenamos juntos.
Habló poco durante toda la cena. No acercó la silla, ni sirvió mi copa, ni preguntó por mis preferencias. Después de cenar, trajo su auto, sin que abriera la puerta para invitarme a subir. Torpemente mostró sus deseos de malgastar la noche. Torpemente reclamé mis deseos de regresar a casa.

Me propuse, severamente, abandonar el hábito de inventar historias ideales del género opuesto e intentar más a menudo, intercambiar experiencias reales con estos raudos caballeros del orbe.

Texto presentado a Concurso

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