jueves, 12 de marzo de 2009

EL DISFRAZ

La noche del viernes, empapada de bullicio, olía a talco y sudor penetrante.
Todos desquiciados bailaban al compás de las comparsas revueltas en el charol de sus vestiduras.
Una mujer esculpida de barro perfecto, jadeante, tropezó cayendo contra mi cuerpo inmóvil.
Ella, endiablada y sugerente. Yo, regurgitando pecados y ensombreciendo virtudes.
Todos guarnecidos de mentiras, en la noche del carnaval, siendo otros por ahí.

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