lunes, 2 de marzo de 2009

EL FUNERAL

Hacía apenas unas horas que me sentía mejor. Decidí, por fin, no estar ausente en el funeral.
Cuando llegué, el olor nauseabundo de las flores de la sala y la muchedumbre entretenida y atribulada casi me hizo regresar. Con interminables pasos llegué hasta el féretro. El muerto estaba solo, pálido, frío, desconocido.
Me di cuenta que en la mano derecha tenía el anillo inconfundible de mi padre. No pude llorar mi muerte, me sentía mejor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

MI AMOR: NO DEJO DE PENSAR QUE TUS MICROS ME ELEVAN MAS ALLA DEL CIELO. ASOMA YA EL PERFIL PARA EL LIBRO?.
COMO SIEMPRE TE AMA TU NOVIO EL LOCO
JUANJO PELLICER.