lunes, 2 de marzo de 2009

REMBRANDT

Su elegancia arrastra años de buena educación y formación decorosa. Su puntualidad se acomoda a esa inevitable costumbre que trae consigo el tiempo.
El hombre de traje gris camina lento. Sostiene con firmeza el bastón de madera que desnudan sus manos grandes y cansadas.
El corredor parece dispuesto a su llegada. El se detiene en la dulzura de Rosalba. La muchacha en la ventana.
La nostalgia se apega a su mirada, sabe que Rembrandt perpetuó en el cuadro, su amor no correspondido.

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