sábado, 7 de marzo de 2009

RETÓRICA

Un poeta ciego dice haber olvidado su nombre y su felicidad.
Un cantor fuerte del pueblo ofrece su crucifijo bueno.
Un dramaturgo ensaya una tragedia enamorada.
Ensañado en el artificio de la forma, un arcilloso poeta viste sonetos rebuscados. El otro, sarcástico, devuelve ufano una burla memorable.
Toda la humanidad parece dialogar en los anales de una biblioteca.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente cuento. Cada uno tiene su propio lenguaje y hay quienes lo hacen mejor que otros pero el destino de algunos humanos está en dibujar palabras para no dejar la página en blanco. Al final todos, los buenos escritores y los no tan buenos, habremos de ocupar un hueco en alguna biblioteca

Anónimo dijo...

Las máquinas guardan un misterio insondable para algunos "jovatos" de esta época. Mi nombre es Antonio y no anónimo como figura en el comentario que antecede a este.