jueves, 9 de abril de 2009

¿QUE HICISTE HOY? Fragmentos desde el interior

Hoy despierto sana y feliz por despertar y sentirme sana.
Perdura el beso de mi esposo, quien antes de salir, siempre lo estampa en mi mejilla (a pesar de mi sueño consciente).
Cepillo mis dientes y disfruto el sabor de la menta fresca que deja su huella en mi boca. Me baño sola (he aprendido a subrayar esta tarea tan acostumbrada, porque hay personas que no pueden hacerlo por razones de incapacidad), disfruto el agua tibia en mi cuerpo.
Tomo unos mates sabrosos, a punto exacto (ni calientes ni muy dulces). Asiento con gracia el nuevo día que se presenta, todo para mi persona.
Comienzo renegando con mis niños remolones, ya que levantarlos es una batalla diaria. Divertida a veces. Luego de darme besos tiernos, se dedican a sus tareas escolares.
En los días que concurro a Tribunales sueño con la justicia. En los pasillos del edificio encuentro mucha gente, conocida y desconocida. Los amigos siempre me brindan alegría, algunos más que otros. Los días que no asisto a Tribunales, postergo mis papeles de leyes tiesas, sumergida en el alfabeto, enredando palabras. Y me sorprende el mediodía, como hoy.
La casa se inunda de olores exquisitos, y mis manos inventan una comida llena de amor para la familia.
Compartimos el almuerzo, enfrentando otra batalla, la de los buenos modales contra los hábitos desquiciados. Albergo la esperanza que impere la educación sin necesidad de constante reprimenda.
En la carrera hacia el colegio, con las mochilas de los niños atestadas de útiles (usualmente olvidan los necesarios), raramente llegamos primeros; lo que significa literalmente inventar una carrera.
Cuando retorna la calma (ya extrañándolos, incomprensiblemente), observo las personas en la calle. Un automovilista hace señas insistentes a otro, advirtiéndole que la puerta trasera de su auto se encuentra mal cerrada. Regreso a casa meditando sobre la solidaridad silenciosa que se encuentra a doquier en la calle, sin ínfulas de grandeza.
Mis ganas se sobreponen de alguna caminata obligada, para tentar a los años de buena salud.
La niña menor de la casa se convierte en reina.
Reunidos todos en la tarde, el bullicio se apodera del hogar (y de buena parte de la paciencia).
Existen los pesares y las nostalgias, pero he aprendido a ver lo bueno que Dios nos pone delante de nuestros ojos, y aunque a veces se torne espinoso, ese es mi gran desafío diario.
Cuando llega la noche, trae consigo el cansancio (los años parecen aumentar de peso a medida que crecen las decenas)
La invención de la cama resulta un gran aporte para la humanidad (representa para mi, uno de los enseres más preciados).
Antes de dormir, cierro los ojos y agradezco a Dios por mis sentidos, por los de mi familia. Por permitirnos oír, ver, hablar, caminar, acariciarnos, amarnos, respetarnos.
En mis plegarias recuerdo a mi gente querida. A mis amigos. Al prójimo y a los otros también (todos merecemos misericordia).
El día termina y pronto descubro que lo he vivido de tal manera, que resulta el más común, simple y cotidiano que haya imaginado, sin más gloria que la de haberlo gozado plenamente, junto a la gente que amo y con los recuerdos que aderezan mi alma.
Me duermo, esperando otro día más para vivir…sencillamente eso.

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