sábado, 9 de mayo de 2009

MÁRGENES PARA PREMIAR

Hace tiempo que medito sobre ciertas acciones que merecen premios.
La gente agolpada en hospitales, aguardando con paciencia ilimitada ser atendida. Las madres con sus niños pequeños, entre las faldas llenas de mocos escurridos, afectados por la endemia de la indiferencia. Sin voz oíble. Sin llanto. Mientras el resto de la familia, con historias de campo adentro, espera el sol alto, para ordeñar vacas, alimentar gallinas y cerdos. Rogando la lluvia para la sed y la tierra. Amasando pan casero y esperanza.
La parsimonia de los ancianos que cuidan con mesura y justeza la vida de sus sueldos miserables.
Los maestros que dan el corazón a sus alumnos. El maestro que no le teme a la sombra del discípulo.
El carpintero, el escritor, el obrero, el cantor del pueblo, las teleras, el deportista ciego, los niños con infancia, los amantes de carne y alma, los unos y los otros transparentes, miniaturas, que nos salvan el mundo.
Sencillos y profundos relatos de personas cuyo premio verdadero está muy alto.
Tan sólo me vale un aplauso eterno.

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