sábado, 9 de mayo de 2009

PENELOPE

Vivió abnegada al amor marital.
Retirado su marido de la estancia, los pretendientes caían procaces a sus brazos. Sin amarras, recibía gozosa a cada uno de ellos.
Una mujer que entregó tan solo amor y alegría a los hombres, merecía la discreción del pueblo.
Además, sus habitantes no hubieran soportado tantas muertes.

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