viernes, 22 de mayo de 2009

REVELACIÓN



Advierto en ella cierta aflicción desde nuestro último diálogo. Mis respuestas la aterraron.
No volvió a darme permiso para jugar en la plazoleta de enfrente de casa, durante las tardes.
Unas banquetas de cemento descoloridas rodean las glorietas, con un césped cuidado y algunos arbustos.
Los juegos de hierro han sobrevivido a las trapisondas de los maleantes nocturnos. De los tres, nuestro favorito, es el sube y baja. El columpio me resulta demasiado alto, y nunca logré mecerme tranquila. El tobogán, por el contrario, es tan diminuto que mi trasero embiste inevitablemente contra el suelo.
Los ojos protectores de mi madre, siempre espían por la ventana, mis ocupaciones infantiles.
Aquel día, me observó detenidamente en la plaza. Gritando mi nombre y tomándome bruscamente por el brazo, me condujo hacia la casa, donde comenzaron sus extrañas actitudes.
- Por qué no jugabas con la hamaca o el tobogán! – me increpó
- Con quién hablabas?- insistió mi madre.
Se lanzó a llorar, sin atender mis explicaciones.
Este malentendido, seguramente, también espantó al niño. Quien no hizo más que confesarme, que había pasado mucho tiempo solo, y al fin, había encontrado alguien para compartir su juego.

3 comentarios:

Persis dijo...

¡A veces las madres hacemos cada cosa...! Muchas veces pienso que soy la causa de algunas frustraciones de mis hijos. ¡Pero los amo tanto...! Un saludo afectuoso!!!!!!!!!

Mega dijo...

Hay madres más infantiles que sus propios hijos, desde luego que sí (y pobres niños...)

Me gustó mucho el micro, Fabiana.
Un beso

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias Persis por pasar. Lo más importante es que amor no les falte a los hijos.... (todavia no se escribieron manuales para madres... ) Abrazo.


Mega. Gracias por tu visita.
Si, hay madres de todas clases... las que ven fantasmas en todas partes, las que no los ven... En fin.... no hay manuales para estas funciones de vida..
Saludos afectuosos.