lunes, 4 de mayo de 2009

SIN COBIJAS

Llovía. Mis prendas empapadas me provocaban un temblor helado. La visión borrosa del sendero no permitía ver demasiado. Los bordes, enteros, plagados de arbustos cuyas ramas entorpecían el paso. No lastimaban, pero rozarlos producía una sensación de llamaradas.
En la inmensidad de aquella oscuridad, unos ojos desconocidos, intermitentes, atrajeron mi miedo. Al acercarme descubrí nuestro auto, con las luces de espera encendidas. Vacío y con las puertas abiertas. Sentí unos golpes estruendosos en el baúl. La curiosidad en mayor medida que el susto, me condujo a despejarlo.
Unas escalofriantes figuras difusas me envolvieron… Regresé acalorada, con mis prendas aún humedecidas.
No me había pasado antes. En estos nueve años nunca sentí tanta desprotección. Es la última vez que sueño sin mi mamá.


A Helena

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