lunes, 15 de junio de 2009

Del porque de mi afición a los MICRORRELATOS y de la Historia de un Secuestro de AMOR. Fragmentos del interior

Los niños amarran. En las mañanas. Las tardes. Las noches -que hace tiempo han dejado de ser apacibles y bien dormidas-.
Liberan mi boca amordazada, para que entone canciones de cuna y cuentos de María Elena Walsh.
Mis brazos sensibles preparan mamaderas entibiadas, juegos de escondidas entre baños calientes, con la complicidad del vapor. La memoria se esgrime en maestra particular, impartiendo las enseñanzas de las tablas de multiplicar, las historias con viñetas, las mayúsculas, los cuerpos geométricos, los ecosistemas. Las instrucciones para abandonar los pañales, que son ignoradas por la menor de la casa.
Apenas dormidos o distraídos, la fina cuerda cede ante los movimientos discretos del tarso; metatarsos y falanges alcanzan el teclado. No más de veinticinco líneas…y la cuerda se tensa nuevamente. Los niños amarran…


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( Imagen extraída d ela WEb)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo diría,la continuidad,en el mundo de las letras,las facultades,nacieron en la niñez....era hora de despertar ese mundo dormido,de capacidades....

eva-la-zarzamora dijo...

Los niños amarran y aprenden a una velocidad espeluznante.
Bonito relato, como siempre, son muy bellas tus letras y tu escritura.
Un abrazo.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias a ambas.
A mi madre, por custodiarme, y hacer tan palmaria la falta de abuelos... Sonrisas!

A Eva, por ser fiel lectora.
Saludos cordiales

Anónimo dijo...

Hay un anónimo que da la razón a otro anónimo. En esta ciudad de furias, el talento no puede esconderse en un blog... ¡Aleluya!