viernes, 31 de julio de 2009

EL SERMON


El párroco de la Capilla del pueblo era simpático, bonachón, lentamente había logrado la confianza de los fieles.
La misa de los domingos tenía una concurrencia devota. En la primera fila de bancos de la iglesia, se acostumbraban a sentar los ancianos y los incondicionales practicantes del culto. Entre los pilares laterales, otra gran cantidad de personas permanecían de pie.
Aquel día me senté en la última fila de bancos. Nadie pareció percibir mi presencia.
Aguardé, paciente y nostálgico, que el religioso comenzara el sermón ilustrando la palabra con ejemplos de vida. Prefirió amonestar a los oyentes con regaños que roían las conciencias.
¿Dónde están los pastores que enjugan las culpas de su rebaño con amor? Me he convertido en peregrino de su búsqueda. Quizá esté hoy en otro lugar…


( El Cristo - Dalí )

3 comentarios:

Persis dijo...

En mi barrio hay dos parroquias: una con un cura amonestador y rezongón, y otra con un sacerdote que sale y busca al rebaño, lo cura y lo conduce. La primera se está quedando vacía, la segunda recibe a todos aquellos que nos fuimos de la primera. ¡Tuvimos que construir un templo nuevo para albergar a todos!
¡La vida es un peregrinar!
Un afectuoso saludo!

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Saludos Persis. Gracias por pasar.

Anónimo dijo...

¡Qué verdad!,solo que los pastores ,no dejan de ser hombres,y como tal los defectos no los abandonan,se notan más, porque son públicos.Ri