sábado, 31 de octubre de 2009

CONFIDENCIA


Tan pronto cruzó el destello ante sus ojos, el niño inició sus curiosas aseveraciones.
-¡Qué orejas tan pequeñas tienen!
- Para escuchar mejor- le respondieron.
-¡Qué ojos atentos!
- Para mirar mejor- le respondieron.
-¡Qué brazos tan largos!
-Para abrazarnos mejor- le respondieron. Inesperadamente, el niño sintió un apretón intenso y tierno. Mientras su cabecita arisca intentaba deslizarse de tan pegajoso apasionamiento, sintió agudos latidos, como si un tropel de caballos azotara sus oídos. ¿Tienen corazones también? – inquirió el niño.
Las figuras esbeltas comenzaron a diluirse entre las luces, dejando una mueca de tristeza en el niño. Antes de desaparecer, le habían confesado que no eran humanos.




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("El niño que llora" de Bruno Amadio, pintor italiano afincado en España tras la segunda guerra mundial, de fama algo extraña)

6 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

Bueno, concedamos que el niño estaba triste por la despedida. Pero también porque no había leído la Caperucita roja. Ya que en ese caso, tendría que alegrarse de que no se lo hubieran comido. Ya ves que tú también me haces sonreir. Un abrazo desde España.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias Pedro. Un halago, como siempre, tu visita. Saludos

Gabriel B. dijo...

Hola, saltando de link en link, me hallo con la grata sorpresa de este micro. Muy bueno.

Saludos.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Hola Gabriel. Bienvenido. Muchas gracias por tu comentario. Saludos

*Sechat* dijo...

Comparto opinión con Pedro y por supuesto con Gabriel. Un placer leer pequeñas joyas como ésta del niño de mirada triste que intenta zafarse de un abrazo.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias Sechat por tu visita. Saludos