martes, 15 de diciembre de 2009

UN VAMPIRO ENAMORADO



Aquella noche fui feliz. Me apresó ese único baile. Nuestros pies acompasados, su delicado aroma, mi debilidad posada en su insinuante desnudez, nuestras manos entrelazadas disimulando el abrazo estrecho, imperceptible ante los ojos de los otros y ante el espejo, que se empeña en amortecer mi imagen.
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( Imagen tomada de la web. Cuadro de Francis Bacon )

3 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

“Y aquella noche fui feliz” es el último verso de un bello poema de Walt Whitman, titulado “Cuando supe al caer el día”. Tu relato me lo trae a la memoria, aunque el entorno es diferente, y en la cabaña de Whitman no hay espejos que reflejen el precio de la ternura. En cambio, ahí están las llamas de la pasión que todo lo consume. La debilidad de tu personaje brilla tanto como la desnudez de aquel por el que vale la pena bailar hasta el final.

Persis dijo...

¡Qué lindo! Qué fuerte debe ser el amor para hacer de un único baile el motivo de la felicidad. ¡Hermoso!
Un besote

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias Pedro. Tus comentarios son muy valiosos.

Hola Persis!! Gracias ! Un abrazo