miércoles, 1 de diciembre de 2010

LA CAJA



Otra vez encuentro al hombrecito sentado frente al primer escritorio. Un ligero mohín de la cabeza recostada sobre su mano derecha me indica el recorrido.
El pasillo es angosto e incómodo. Las paredes sudan. La oscuridad momentánea hace más luminosa la habitación contigua.
Cientos de papeles hacinados en mesas gemelas ocultan cientos de rostros aburridos. Detrás de una computadora que está pegada a la ventana, alguien (el monitor le tapa la cara) señala con el dedo la otra puerta.
En la galería descubro una escalera. El pasamano está desajustado, los escalones truenan y se reproducen. Entro en una oficina más pequeña. Una señorita con trenzas y faldas cortas me sonríe con amabilidad y continúa hablando por teléfono.
El gerente no está.
Galería. Pasamano. Escaleras. Palpitaciones. Habitaciones pequeñas. Pasillo angosto. Portal.
“Hgm pfrtmjl plsmtrc rrchmd”, repite con frialdad un tipo flaco que se cuela por un traje gastado. Regresaré mañana. Tal vez algún día logre comprenderlos.


(Imagen tomada de la web. Dibujos de Quino)

lunes, 15 de noviembre de 2010

EL ZAPATERO DEL PUEBLO


Dio un arrogante puñetazo a la suela recién adherida y un soplido satisfecho desinfló sus pulmones. La piel del zapato reflejó el brillo travieso de sus ojos.
Lo descubrió después del funeral y sólo su mujer conoce el secreto.
—Sé discreto —le susurro su padre por última vez, tendido boca arriba, inmóvil en el lecho, mientras un destello fugaz invadió sus sentidos.
Tadeo fabrica los zapatos de todos los pobladores. Y también los arregla. Sus días se engoman a las piezas de cuero, los clavos, el martillo, las costuras y los misterios develados. Cada zapato que retorna al taller para ser reparado, le cuenta al zapatero, la vida de sus dueños.
Estas historias entretienen al hombrecito pero no le quitan su gran preocupación. Aún no ha podido descubrir quien hurta de la casa, los zapatos usados de su esposa.

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(Imagen tomada de la web)

lunes, 8 de noviembre de 2010

FERIA DEL LIBRO DE SANTIAGO DEL ESTERO 2010

Comparto con ustedes, la alegría de haber formado parte de la Mesa de Lecturas de Microrrelatos en la Feria del Libro de Santiago del Estero, junto a los escritores Raúl Lima, Antonio Cruz, Susana Lares y María Pía Danielsen.

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(En la fotografía, Adriana del Vitto, quien estuvo a cargo de las presentaciones. Raúl Lima, María Pía Danielsen, Susana Lares, Fabiana Calderari y Antonio Cruz)

viernes, 5 de noviembre de 2010

NOSTALGIA


Tus caricias se ciernen sobre mi memoria. Un sollozo descuidado trae tu nombre y profana el olvido. Agrietada la herida, se retuercen las ansias dentro del vientre. Esa ardiente dentellada arranca mis sentidos. Se torna dulce e insaciable el dolor de tu ausencia.
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( Cuadro de Ana María Real , pintora jujeña)

jueves, 4 de noviembre de 2010

NOSOTROS


Él llega temprano del trabajo. Se acerca a la máquina de coser y hunde un beso musical en mi mejilla.
—¡Vamos al cine, mujer! —dice entusiasmado— Estrenan una película de las que tanto te gustan.
Yo consiento sonriendo. Hace veinte años que no nos perdemos ningún filme de los que le gustan a él.



(Imagen tomada de la web)

lunes, 1 de noviembre de 2010

ESPEJOS

No recuerdo con exactitud el momento en el cual entré en este laberinto ondulado y luminoso. Las siluetas irregulares y coloridas ya se dibujaban en ellos.
—¿Podrías decirnos cuál es el mejor? —inquirió uno de los más avejentados.
—El que sea capaz de reflejar un corazón —le respondí cerrando los ojos.
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Para GEMMA /espejito-magico., cuyo micro reflejó más preguntas y otras respuestas...


(Imagen tomada de la web)

miércoles, 27 de octubre de 2010

SILENCIO COMPARTIDO


El ronquido del ascensor es diferente cuando él llega. Imagina la tersura de la piel, sus pies descalzos, el aroma de su aliento. Luego, la quejumbrosa puerta plegable parece cerrarse en la humedad de sus entrañas. Unos cuantos pasos presurosos le acariciarán los oídos hasta entrada la tarde. Él también la imagina.
Por dentro, el mundo de ambos es consabido (Ella retorna a los quehaceres. Él almuerza solo. El colegio de los niños y la tintorería. Las interminables horas de oficina y el golf con los muchachos. Y Lucía.)
En las noches, un mohín del azar los encuentra en el pasillo. Él la saluda. Ella responde con una tímida sonrisa que arrima al hombro.
Les basta un confesionario en las miradas. Se saben a salvo en ese silencio compartido.


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( Imagen tomada de la web)

viernes, 22 de octubre de 2010

INVASIÓN


Llega cuando languidece el sol. Abandona los trastos deportivos detrás del armario y se tiende desaseado sobre la cama. El muchacho enrosca con tranquilidad el lóbulo de la oreja y lo suelta. En seguida ubicada en su lugar la blanda distracción, vuelve a enroscar y vuelve a soltar, mientras su mirada luce perdida tras el fúlgido cuadrado. Se siente invadido. Un aterrador alienígena ataca la región. Esa mujer habita en su cabeza, desborda su pecho y se dispersa como un cosquilleo inquieto hasta la palma de su mano. El héroe adolescente guiado por las llamadas de los pobladores se transforma en un asombroso robot y desafía al extraño con sus poderes. Su mirada no regresa, está absorbida por esa mujer cuya forma se apodera del contorno de las cosas, y que ahora obstaculiza, antojadizamente las transmisiones de esa lejana y pequeña pantalla.

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(Imagen tomada de la web)

domingo, 10 de octubre de 2010

DECISIONES

Algunos lloran. Otros aguardan cabizbajos en el umbral. Yo entro a pasos firmes. Desde pequeño me enseñaron a enfrentar situaciones azarosas, a disponer el ánimo bajo ese espíritu tribal que impulsó siempre a mis mayores. Recobro la calma mientras el gentío se dispersa por los rincones del patio de baldosas grises. La agitación de las voces se apaga tras la presencia de una mujer vestida de blanco, que me provoca un extraño escalofrío. Juan sonríe socarronamente (para él es más fácil, es el mayor de los tres). —¡A formar! —grita mi hermano desde las escalinatas. Y suena la campana.


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ESTE MICRORRELATO, que comienza con la frase de un concurso, no quiso ir a ningún lado. Feliz y sin cadenas, se quedó aqui para ustedes, en honor a un amigo que respeto mucho y al cual, sin conocer personalmente, estimo sobremanera: HUGO GARCIA.
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.(Imagen tomada de la web)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

RASTROS



Mis ojos nacen en tu mirada y se desarman tras el rastro lejano de tu sombra. Despojados de esencia caen ahogados en el océano de las palabras.
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(Cuadro de Susana Boettner, artista plástica argentina, Serie "Rastros")

jueves, 23 de septiembre de 2010

ESPECIE




Y dio otro bocado. No le bastaron los ojos ni el empeine. Tuvo que devorarme también las alas. Ahora está aburrido. Se ha vuelto cada vez más predecible y yo, una sombra enjuta. No por mucho tiempo. En mis entrañas estoy gestando una revolución.



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(Imagen tomada de la web)

sábado, 18 de septiembre de 2010

EN EL CAMINO

—Contigo siempre pierdo la carrera —dijo la liebre.
—¿Es a causa de mi disfraz? —inquirió la hormiga
—Sabes bien que no es cuestión de disfraces. Ni siquiera ese risible armatoste puede ocultar las alas de tu corazón —rezongó el derrotado animal.

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(Imagen tomada de la web)

miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA TEJEDORA


La mecedora cerca del hogar la guarecía del invierno. El fuego depositaba su resplandor con intermitencias sobre las agujas. En cada lazada Albina desarmaba sus horas solitarias. El movimiento armónico de sus manos parecía un engranaje de abandonos. Tejía aflicciones, sueños disipados, memorias desordenadas. Tejía y tejía. Sintió sed. El monótono círculo fue interrumpido. Tropezó. La pequeña madeja se enredó en el silencio y Albina rodó hasta tornarse olvido.


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(Imagen tomada de la web)

martes, 14 de septiembre de 2010

“EL JUSTICIERO” (Cuento)

"El justiciero" fue feliz a un concurso y volvió feliz del mismo. Podría imputar esa felicidad a las contingencias que tienen los concursos, de no ser por "Manos de tijeras y corazón de dulce de leche" que me dio coraje y algo más. Agradecida también al Corsario, que me enseñó a manejar el trabuco de su abuelo. A Luly, por su tiempo y su paciencia.

Me disculpo ante ustedes, porque van a necesitar más tiempo para leer y por el contexto histórico del cuento.

A todos, muchas gracias.


El ventanal traía el olor de Buenos Aires y las cortinas se enraizaban en la brisa generosa del atardecido. Él llegaría en cualquier momento. Tocaría a la puerta con el son parco de su mano. La misma mano que durante casi veinte años escribió las cartas de amor que la mantuvieron en pie, la mano que dejaba impresa en su tímido cuerpo, una pasión inagotable y prohibida.
Petra acababa de apagar las farolas del corredor cuando tropezó con Fepo. El animal se deslizó rápidamente, buscando refugio entre las piernas de su dueña. La silueta esmirriada de Aurelia cerca de la ventana sobresaltó a la criada.
Señorita, ¿se siente bien?, titubeó Petra mientras la oscuridad sorbía la casa. Hace mucho frío, ¿desea una manta, alguna bebida?, ¿señorita?, insistió. Una copa de licor estará bien Petra, le respondió con voz casi imperceptible “su niña”, como acostumbraba llamarla. Y le ruego que me disculpe, pero esta noche no me interrumpa cuando llegue el señor, añadió. Lo que diga niña, suspiró Petra, desvaneciéndose entre las sombras del pasillo, con la misma complacencia con la que siempre guardó devotamente las pasiones y locuras de su niña.
El padre de Aurelia dormía. En algunas ocasiones pude entrar en sus sueños. Fepo seguía retorciéndose entre las piernas de Aurelia. El hálito congelado de la calle la obligó a cerrar las celosías y a colocar los pasadores. Los lienzos aterciopelados recobraron la quietud rancia del hogar.
No sólo los maúllos del gato encrespaban el ánimo de Aurelia. El desasosiego de aquellos días alimentaba su vigilia. Cuando él pasara por allí, quizá su vida se batiría a duelo con la incertidumbre y el desconsuelo. Sucumbían en un amor amenazado por las tramas de la política y los ardides enemigos. Una relación silenciosa que preconizó el candor de los amantes ante las desventuras, las distancias y los tientos de la moralidad.
No muchos podrían comprender las razones que la llevaron a enamorarse de un hombre que la aventajaba en un cuarto de siglo. Holgaban argumentos en una mujer que no se privó de la militancia ciudadana, y que desde niña acompañó a su padre a las reuniones políticas y a las tertulias literarias. Su rebeldía recogió innumerables críticas y los clamores de la indiscreción. Habituada a una vida de zozobras y riquezas, nadie podía impedir que su obstinado carácter se acallara en el corazón de un hombre maduro y culto; aún cuando ese hombre ocupara un cargo superior.
Se sentía sola en las horas que pasaban sin él. Hacía apenas dos años que había perdido a Jennie, una maestra norteamericana que enseñaba en la ciudad. Su mejor amiga enfermó de fiebre amarilla. Aquel año las defunciones aumentaron, y la ciudad diezmada por la epidemia les hizo perder amigos, servidumbre y ganancias. Ellos debieron mudarse a la estancia, para refugiarse de la pandemia. Las principales fábricas cerraron sus puertas, se paralizaron las instituciones. Habían dejado de funcionar las escuelas, los bancos, los teatros, los tribunales. Esta situación apenó a su progenitor que estaba retirándose de la vida pública.
Domingo aún no llegaba. La nostalgia y la espera de aquella noche la condujeron hacia la biblioteca de su padre. Cansada se recostó sobre la mecedora de cuero. La luz danzante del farol mostró en sus rizos los destellos blanquecinos que comenzaban a asomarse. El tiempo de igual modo había cincelado su piel. Sólo conservaba intacta la tersura de un vientre desierto. Sintió la tristeza de las amantes.
Los Tratados de Derecho Público ocupaban buena parte de esa constelación de obras. Los anaqueles suntuosos atiborrados de libros reseñaban el fervor independentista, el sentimiento y las pasiones de la organización nacional y las marrullerías del amor. Y un credo, el de vivir en libertad.
Dirigió su mirada hacia un volumen casi oculto y de reciente aparición. Con el ceño fruncido, lamentó que no ensamblaran las ideologías de la época con la bravura gauchesca.
Se levantó atraída por un ejemplar de la Revista del Río de la Plata. No resistió la tentación de releer la publicación de “El matadero”. Repasó las páginas, esbozando una irónica sonrisa. Pese a la represión intelectual, los muchachos románticos pudieron asentar en Buenos Aires ese sabor de aire nuevo, meditó Aurelia, moviendo su cabeza de un lado a otro. Entornó los párpados, delatando una mueca de esperanza en el joven Neumann. ¡Cada siglo tiene su viajero ilusionista y sensible!, repitió con voz suave.
Entre tantos libros, estaban los manuscritos que devoraron su vida adolescente, ¡cuánto había escrito ella!, ¡cuánta resignación y entrega!
La preocupación mudó en un malestar visceral. Sus premoniciones la impacientaban mucho. Bebió en sorbos espaciados el licor que Petra le había dejado en la habitación. Domingo tardaba demasiado.
En la calle ya hedía el plan para matar al presidente. Erraba en busca de un trago fuerte, cuando aparecieron ante mí dos rufianes. La luz blanda de la luna me mostró los perfiles mostrencos de los italianos. Los seguí de cerca. Entraron al café “La Violeta”. Temblaban, pero no de frío. Entré al café después de ellos. Gesticulaban. Sus manos contaban dinero. Llamaron a viva voz al cantinero. Comenzaron a beber en abundancia. Los oí hablar y confirmé mis sospechas. Intentarían asesinar al presidente. Supe lo que me correspondía hacer. Oí sus nombres, sus aspiraciones, sus mentiras. Llevaban en sus rostros la estampa familiar.
Acordaron el sitio exacto para atentar. Se levantaron con prisa y pude conocer sus nombres cuando se despidieron de un conocido. Federico y Franco, el menor de los dos. Los perseguí. Tambaleaban en el empedrado tosco de la calle.
A unas cuantas cuadras, el presidente subía sereno a la carroza parisiense, estacionada frente a su casa. Alertó al cochero y le dio indicaciones de que lo llevara a la casa de su amante. La desigualdad de las aceras acunaba la carroza.
El vaivén de la mecedora había adormecido a Aurelia. El aire enrarecido de la calle se colaba por las ranuras de las puertas. Petra, resuelta y callada, trajo las mantas y las acomodó sobre las piernas de la niña. Quedó satisfecha y se retiró a su habitación.
Entretanto los hermanos amarraban las cuerdas de la estrategia. Se refugiaron en un alero oscuro, en mitad del camino.
Sentí el impulso de tocarlos cuando Federico alzó los brazos y sacudió a su hermano. ¡Ahora!, le ordenó y se internó en la noche. No volví a verlo.
Franco preparó el arma. Apenas vi el trabuco me cegaron las centelleantes anécdotas que contaba mi abuelo sobre sus tiempos de militar.
En esas ásperas batallas que vivieron, el frío y el miedo conspiraban para debilitarlos frente al enemigo. Sólo eran impulsados por la fogosidad patriota. Una noche, sorprendieron dormido a un centinela del ejército realista y las tropas comandadas por mi abuelo aprovecharon el descuido. Los soldados somnolientos demoraron en cargar las armas. Los perdigones se les caían de las manos trémulas, y algunos trabucos ni siquiera llegaron a dispararse debido a la pólvora humedecida. Las lanzas y bayonetas del ejército libertador se impusieron a la imprecisión de los trabucos. Sus armas no fueron superiores a la obstinación del pueblo unido, repetía el abuelo.
Ese mismo torrente obstinado se propagó sobre mi aura en aquel momento y me dispuse a dar combate.
Grité para que alguien avisara a la policía. Nadie acudió, a esa hora Buenos Aires se estaba apagando. Me abalancé sobre Franco. Forcejeamos. Logré tirarlo contra el suelo. Estaba agitado y empapado en sudor. Su aliento a alcohol me envalentonó. Intenté controlar sus manos, su corpulencia dificultaba mi ofensiva. La lucha duró unos minutos.
La carroza pasó a nuestro lado sin divisarnos, con una marcha confiada e ingenua.
Fepo dio un salto ligero sobre la falda de Aurelia y la despertó. Misteriosamente podía sentir el pecho convulsionado de Aurelia y esa conexión extraña alimentó mis fuerzas.
Cuando la tenacidad del muchacho estuvo a punto de vencerme, asenté mi puño sobre su pecho. Los brazos le temblaron. El trabuco cargado en exceso reventó y le destrozó la mano. Ensangrentado intentó huir cuando un oficial, atraído por la estridencia, llevó a cabo su apresamiento.
La carroza se detuvo en el lugar acostumbrado. El presidente estaba ileso. El son de los golpes en la puerta alertó a Aurelia. Domingo le sonreía.
Los amantes confluyeron en un abrazo que la porfía del tiempo puso a resguardo.
El plan para matar al presidente fracasó. Los resoplidos del viento no lograron amainar mi entusiasmo. Mi victoria. Secretamente, sólo Aurelia la intuyó.
Los reverberos aún estaban encendidos cuando la alborotadora voz del muchacho vendedor de diarios anunciaba la primicia de última hora. Las noticias eran desacertadas. No fue un simple atentado. Fue una lucha heroica. Los boletines no escribieron sobre mí, no contaron que un abogado salvó al presidente.
Hice justicia. Me enfrenté con aquél ignoto asesino. Yo, que sólo fui un desconocido jurista del siglo XIX, llegué a tiempo esa noche sabatina y porteña de 1873. Sin más luces que las que se abrieron ante mí y mostraron mi presencia ilusoria para acabar con la emboscada. Fui un agorero de la justicia. Protegí a los amantes, salvé a Domingo y con él, a buena parte de nuestra historia.
Antes del amanecer, desde una guarida sombría, apareció un mendigo andrajoso, cargando un zurrón lleno de aventuras. Se acercó con pasos lentos, y murmurando me pidió lumbre. Otro fantasma, me dije. Y marchamos juntos, sin que nadie nos viera.



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(Imagen tomada de la web)

domingo, 12 de septiembre de 2010

DESPEDIDA



Contuvimos la tristeza apretando los párpados. Nuestras pisadas enfrentadas ocultaron las últimas miradas. El silencio crujió detrás de nosotros El umbral se hizo oscuro, tan oscuro que nunca supimos quien se quedó solo.

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(Imagen tomada de la web)

jueves, 9 de septiembre de 2010

LA MISMA HISTORIA


Papá solía morirse dos veces al día. Pasado el mediodía, apenas mi madre comenzaba con sus letanías cotidianas y luego de la cena cuando ella continuaba acunando los mismos reproches. La muerte era una sutil manera de conservarse vivo.
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(Imagen tomada de la web. Magritte, "El mago" )

martes, 7 de septiembre de 2010

EL DECRETO


Mi conciencia, aún esclavizada, deletrea su nombre. Me resistí a obedecer las instrucciones de los colegas del estudio y presenté la demanda sin titubeos. Él debía ser el indicado. Inteligente, encantador, resuelto. Las encuestas del foro local daban cuenta de su probidad y sano juicio.
Desde aquel día, soporto sobre mis hombros mustios, el peso de la equivocación y las bromas de mis compañeros como una mochila cargada de desazones.
El decreto no era más que un decreto. Inexpresivo, devastador, exacto. El juez se declaró incompetente, y las burbujas de mi amor se escurrieron por las rendijas de su juzgado.
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(Imagen tomada de la web) ( No estoy hecha para estos concursos de abogados...)

domingo, 29 de agosto de 2010

EL REGALO



Me lo entregó el día de mi cumpleaños. Sonreía y sus ojos mostraban una mirada de complicidad a la cual no pude corresponder. ¿A qué niño puede llamarle la atención un bulto disforme y oscuro? Se inclinó con lentitud y abrigó mi oreja con sus manos. La cosquilla que me provocó el susurro no me permitió escuchar con claridad. El regalo perteneció a su padre y antes a su abuelo, a quienes no conocí. Su índice se hundió en mi frente, y dijo con voz grave: ¡te espero! Miré desconcertado a mi abuelo. Pronunció otras palabras que no comprendí hasta hoy.
Rompí la envoltura con desgano y descubrí un reloj antiguo ¬al menos eso parecía¬ con manecillas doradas y sinuosas. Ajusté la hora y una pequeña rosca transparente comenzó a girar.
Sentí de inmediato la inconfundible voz de Pedro en el patio. Miré con extrañeza el jardín sin los naranjos y los jazmines. ¿Juegos para niñas?, ¡si somos todos hombres en la casa! ¿Qué le sucedió a mi hermano? Sólo la voz era la misma. Le temblaron las manos cuando las pasó por su cabeza calva. Caminaba torpe.
Asustado busqué al abuelo y recordé el reloj. Ajusté la hora y una pequeña rosca transparente comenzó a girar.
El establo huele a estiércol. Un perro escuálido persigue a las gallinas. El niño montado a caballo me sonríe. ¡ Al fin llegaste¡, masculla.


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( Imagen tomada de la web)

sábado, 28 de agosto de 2010

OLVIDO



Abandono tu nombre en los matices del ocaso que humedecen de nostalgia el horizonte. Duele. Comienza a llover y mis lágrimas se dispersan en el susurro del agua que desvanece tu imagen. Los ojos aprisionados transforman la soledad en un bálsamo fresco, como el olor de la tierra mojada. Florece la luna. Sueño, y caen las estrellas con tus besos forjados de olvido.



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. (Imagen tomada de la web)

viernes, 27 de agosto de 2010

EL DESEO



Miro tu boca deseándola. ¿Qué sabor tendrán tus besos? Dentro de esta habitación tu aroma inquieto intuye mis sentidos. Regresas a tu boca, saciada y encogida la imaginación. ¿Qué sabor tendrán tus besos?



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(Imagen tomada de la web)

martes, 24 de agosto de 2010

EL CIELO

Morí, sin despedidas. Una neblina pegajosa envolvió mi cuerpo y lo arrojó hacia un abismo misterioso y oscuro. Nadie pudo rescatarme, ni siquiera él que lloraba postrado. Al menos así lo contó luego de despertar de tan fatídica pesadilla. Extrañamente, sólo cuando sus brazos fuertes y tiernos se anudaron en un profundo abrazo conteniendo mi aliento, alcancé unos instantes el cielo.

A Juanjo, para que siga soñando a mi lado…
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(Imagen tomada de la web. Rodín"El beso")

miércoles, 18 de agosto de 2010

ENTRE CIEGOS



Como todos los domingos, esperaba a mi mujer sentado en un banco de la plaza. Las homilías me aburren. Otra mañana tranquila y solitaria, me dije. Al menos eso creí, hasta que vi al ciego. Pasó junto a mí. El sol se adhirió en su cabeza. Sentí lástima por él, que fue diluyéndose en una especie de admiración. Sus pasos tímidos acompañaban el torpe zigzag de una mano alargada. Se tambaleó ¬casi cae al suelo¬ pero rápidamente volvió a su recorrido simétrico hasta hacerse pequeño.

La oscuridad que se hospeda en mis ojos es un mundo sin horizonte”, dijo el ciego aliviado, al tropezar con un ángel.
“¿Cuántas veces observan el horizonte los hombres que pueden ver?”, respondió el ángel.

Otra mañana ordinaria, en la cual sólo vi a un pobre ciego mascullando.
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(Imagen tomada de la web)

viernes, 13 de agosto de 2010

EL UMBRAL



En esos ojos negros cabe la mirada inquieta. Y unos labios tibios silencian el amor, dejando su aroma en la memoria. Extraviaron la luna. El viento trae el canto alado de un jilguero cautivo. Sucede el universo en el silencioso umbral de la palabra.


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(Imagen tomada de la web )

domingo, 8 de agosto de 2010

EL ORFANATO


Aún no logramos que hable. La niña menor del orfanato sólo llora. Todas las noches, se sienta en un viejo cojín y comienza a llorar. Siempre tiene los ojos hinchados. De cuando en cuando suspira, hace una pausa y otra vez el llanto nos ensordece. Luego de unas horas, coloca con suavidad el dedo pulgar en su boquita y lo chupa hasta dormirse.
Amanecemos agotados, con la sensación de haber soñado la estridencia nocturna. Los gritos de la celadora nos amohínan, preferimos levantarnos sin ocasionar problemas. Nos mantenemos discretos durante el día. Sabemos que en la noche, aparecerá la niña y volverá a llorar sin hablarnos.

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(Imagen tomada de la web)

lunes, 2 de agosto de 2010

457 CUMPLEAÑOS DE SANTIAGO DEL ESTERO. Fragmentos del interior.

Monumento al fundador de la ciudad, "Francisco de Aguirre"


Río Dulce





Vista del Río Dulce





Parque Temático Municipal


Uno de los cuatro arcos que rodean la plaza Libertad.














Fuente de la plaza Libertad, obsequio del Gobierno italiano a la ciudad de Santiago del EStero.



Estatua de Belgrano, en la plaza Libertad



Catedral de Santiago del EStero, vista nocturna.

Entrada por la calle Libertad al Centro Cultural de la ciudad





Interior del Centro cultural.

Entrada del "Centro Cultural " de Santiago del EStero





´Cúpula de vidrio del Centro Cultural ( fotografía de Baltazar A.)





Entrada por calle Tucumán al "Centro Cultural del Bicentenario"


UN PASEO POR LA CIUDAD DEL BARCO

Resopló, jadeó y enredando el polvo y la memoria, le susurró nombres peregrinos a Don Juan Nuñez del Prado. Acarició esta tierra en 1550, cuando las manos fundacionales y el tesón de Don Juan la llamaron Ciudad del Barco. Más tarde acompañó a Francisco de Aguirre, que contagiado de laureles, cambio su nombre y su lugar, bautizándola el 25 de julio de 1553 Santiago del Estero.
Hoy se arrellana otra vez sobre las márgenes de la ciudad, recorre el Puente Carretero y bañado en las aguas del Dulce nos empapa de un mágico cosquilleo de conquista.
Respira, zumba en los eucaliptos que perfuman el Parque Aguirre y entusiasta reposa su vaivén en las hamacas coloridas donde juegan los niños.
Remonta ufano y escolta las laderas de los edificios que adornan el paisaje urbano. Dibuja filigranas en los cuatro arcos de la Plaza Libertad y con el brío cómplice de las gotas de agua brinca en la fuente de las ninfas. Acaricia la piel de bronce de Manuel Belgrano y solemne aviva el campaneo de la Catedral.
Revive las voces dormidas del Cabildo y las vierte frescas en cultura autóctona y tradicional.
Zarandea su espira el Huayra Muyoj en tu noche de esplendores, ¡Madre de Ciudades! , y convertido en aliento te canta chacareras.
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( Esta entrada es un homenaje a los 457 años de la fundación Santiago del Estero.
Las fotografias ilustran el texto, algunas de ellas atención de B.A. otras de mi autoría. )