lunes, 18 de enero de 2010

LAS MAQUETAS



Solía entrar al estudio de mi padre y quedar absorto en sus proyectos. Admiraba con insaciable curiosidad las maquetas de sus obras donde todas esas miniaturas cobraban vida.
-Es sólo una complicada mezcla de papel, pintura y adhesivos - repetía mi padre correspondiendo a mi asombro.
Años más tarde, mientras paseábamos con mis hijos por uno de esos barrios residenciales, el menor de ellos sentenció: -¡Qué casas tan calladas!- Carraspeé, buscando un atajo a la distracción. Unas cuantas palabras triviales ocultaron el incómodo pensamiento que remozaba en mi memoria aquellas maquetas. Alguna extraña y complicada mezcla había logrado que sus moradores las inmortalizaran.



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( Imagen tomada de la web)

4 comentarios:

*Sechat* dijo...

8) ¡Asombroso! Me ha encantado.

Pedro Herrero dijo...

No voy a preguntarte qué porcentaje de autobiografía metes en tus relatos, porque cada autor toma prestado de sí mismo lo que le apetece. Pero tus miradas a la infancia siempre me parecen entrañables, reconciliadoras y muy sugestivas.

Anónimo dijo...

Qué precioso relato,menos mal que mi casa no es una maqueta,sera que sus habitantes le dieron mucha vida...Ri

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias Sechat. Saludos.

Gracias Pedro, disfruto tus comentarios. Saludos.


Gracis Ri. Beso.