domingo, 21 de febrero de 2010

COMPLICIDAD



Juan 8, 1-11

Reconozco a ese hombre. Ni tan bueno ni tan malo. ¡Ay! El recorte de su bigote es inconfundible. Recibió las monedas; su corazón quizá hubiera codiciado otra cosa. ¡Ay! Hace tiempo que no veía a esa mujer, la recordaba erguida. Tal vez, la aflicción por ocultar sus argucias ha ido quebrándole los hombros. ¡Ay! ¡Ay! Ese es Zael, cuán crecido. Pese a tener la nariz y los ojos de su padre, ha quedado persuadido de ser la imagen del esposo de su madre. ¡Ay… duele! Ahí está María; la anciana consiguió reputación en el pueblo por recolectar las limosnas en la iglesia y llevárselas a su casa. Aún lo niega. ¡Ay! ¡Ay... arde ! Adquirí valor, y con todo el peso de las culpas cogí la última piedra y la eché, sin más, sobre mi espalda.



( Imagen tomada de la web)

3 comentarios:

Persis dijo...

¡Excelente! Si todos leyéramos ese pasaje más seguido, seríamos mejor. Al menos dudaríamos antes de levantar un dedo y señalar. Guardo la última piedra para mí.
Excelente!!!

No Comments dijo...

Quién esté libre de pecado... jeje

Un saludo indio

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias a ambos por pasar. Saludos