jueves, 22 de abril de 2010

LA TELARAÑA

La de los días de lluvia. Esa es la mejor. Enmaraña las nostalgias y los desasosiegos. Las pequeñas gotas se arremolinan sobre ella y lentamente se escurren, espejando el brillo sereno de las tardes grises.
Los corazones desamparados se enmantan en ese cendal de emociones.
Hoy llueve. Agazapada a esta red, estoy urdiendo una delicada y amplia trama.
– ¿Qué haces en estos días mojados? –me preguntaron una vez.
–Escribo –les respondí.
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( Imagen tomada de la web)

miércoles, 21 de abril de 2010

AL VOLANTE - Fragmentos del interior


HOMENAJE A LOS CONDUCTORES QUE COMEN EL PAN DE CADA DÍA.

Conduzco, el cinturón de seguridad se encarga de mis arrugas, y el resto es estoicismo y diligencia, avanzo manteniendo el lateral derecho de la calzada, y cuando intento pasar a los demás vehículos por el lateral izquierdo de la misma, no comprenden, tampoco yo comprendo porqué no me permiten el traslado, freno en las esquinas, ningún conductor me cede el paso en las encrucijadas pese a cruzar desde su izquierda y una estampida de motores se atraviesa desde mi izquierda, todo es cuestión de manos, pienso, y advierto que algunos conductores las tienen ocupadas sosteniendo celulares o rasgando melodías, conservo la calma y una interminable cinta de motociclistas invade el camino, freno respetando la senda peatonal, me oprime la soledad cuando el semáforo muestra su lengua, ¿momentos de concentración o abstracción?, el ojo verde me permite transitar nuevamente, con extremo cuidado para no molestar al vehículo de tracción a sangre que encuentro en plena avenida y disminuyo la marcha ante la presencia de un rodado mayor, creo que es un colectivo, no logro descifrarlo bien debido a la velocidad que lleva, y medito sobre la importancia de la aptitud psíquica para mantenerse a salvo y evitar accidentes, freno, el olor de la humareda que deja ese carretón y el desorden del tránsito me recuerdan nuestra última visita al zoológico y a Isabella, la menor, averiguando si un león puede escaparse, invadir la ciudad y asustarnos, me pregunto cuantos años tendrá el niñito que acaba de pasar conduciendo un ciclomotor anaranjado, sin espejos ni luces, en la próxima esquina doblo, con antelación activo el indicador de giro, desconozco si el automóvil de adelante va a doblar también, no, ¡se frena!, ¿dobla?, no, sigue de largo, soy demasiado intuitiva a veces, yo doblo y dos motocicletas parecen custodiarme, freno, me asombra el número de ocupantes, no estorban al conductor, el viento les revuelve la cabellera sin protección, ya no hay ecos de caños de escape ni silencio y puedo escuchar los improperios que los conductores vecinos se gritan, hay algo más urgente, quizás, que atravesar la luz amarilla a gran carrera y es el hambre del mediodía, el señor que conduce el vehículo de atrás, está molesto, freno, el espejo muestra su ceño surcado y su boca en movimiento, está muy irritado porque me detengo en esta esquina, él cree que se trata de un giro libre, yo conozco las indicaciones del cartel que señalan “ giro habilitado por semáforo”, mantengo en la calle los cinco ojos bien abiertos, las extremidades en continuo cambio y la cabeza hirviendo, recuerdo algunas normas que parecen obstaculizar la libre circulación del tránsito, sólo en mi hogar descubro el apartado primero.
Isabella inaugura las sonrisas,tiene las rodilleras y el casco puesto y me pegunta:–¿Mamá, puedes enseñarme a andar en bicicleta en el patio de casa? –
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( Imagen tomada de la web)

AUSENCIA


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Aparezco, desaparezco. Aparezco, desaparezco. No me oculto ni me buscan. La única inconveniencia de ser invisible es que a veces me pierdo, y no puedo encontrarme...
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( Imagen tomada de la web, Cuadro de René Magritte )

jueves, 1 de abril de 2010

TRANSFORMACIÓN



“¡Imbéciles!”. “¡Hagan algo urgente!”. Leemos al desenrollar la nota. La grafía es descuidada, torpe. No contiene firma y el papel está deteriorado.
Ayer entramos a escondidas, con unos amigos, al laboratorio de mi padre. Debido a nuestro entusiasmo en el experimento, cometimos algún error. ¡Cómo íbamos a imaginarlo! Provocamos una humareda turbia, nauseabunda, que nos obligó a salir corriendo del lugar.
Desde entonces, buscamos a Juan con desesperación. Y como si no fuese suficiente mortificación la nuestra, hoy encontramos esta esquela carcomida en la heladera de mi casa, dentro del gruyer.




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Este texto se fue feliz a un concurso. Volvió. Sigue tozudamente feliz; sólo esperaba que Ud. lo leyera.


( Imagen tomada de la web)