viernes, 21 de mayo de 2010

COSECHA



Siegan la noche tranquila y se los escucha discutir.
–Anda vos…mi cuerpo cansado no responde.
–¡No!, vos…hace días que soy yo quien lo atiende.
Entonces la noche se humedece con el llanto del niño y los truenos de las voces. El tiempo maúlla junto a ellos sin desidia. Y las noches se hacen largas.
–Apenas me desocupe, los visito. Ellos saben que él siempre está ocupado. Saben que nunca llega.





.

.

( Imagen tomada de la web)

3 comentarios:

Isabel González dijo...

Magnífica minificción, el lector va dando tumbos de un sentido a otro hasta la frase final con la que nos sorprendes y nos sitúa definitivamente en la historia.
Excelente.

Claudia Sánchez dijo...

Excelente Fabiana! Tus relatos siempre son una exquisitez, para paladares exigentes. Me gustó mucho.
Saludos!

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Muchas gracias Isabel. Muchas gracias Claudia. ¡Qué gratos halagos!
Dos abrazos.