domingo, 18 de julio de 2010

ELLA


¬¡ Ábreme, ábreme! ¬ le grito arrojando blasfemias que rebasan de mi boca.

El día que descubrí la puerta, ella estaba mirándome. Me sorprendieron los libros dispersos sobre la cama, iguales a los míos. La ubicación de las pantuflas tenía un curioso aire familiar y una luz frágil escoltaba las siluetas de las cosas.

Era domingo, lo recuerdo muy bien ¬ esos días son largos e insípidos ¬ y bebía sola una taza de café. Cuando sostuve la mirada nos entendimos.

¬¿Entras? ¬ me dijo entornando la pequeña puerta y bastó un ligero mohín para mostrar mi anuencia a tan grata aventura.
Y aquí estoy, gritándole que abra esta maldita puerta y me deje salir. Quiero que me devuelva mi lugar, y que regrese a este lado tieso del espejo.


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(Imagen tomada de la web)


3 comentarios:

No Comments dijo...

Buena versión de los espejos y la atracción de y por su mundo interior.

Un saludo indio

Claudia Sánchez dijo...

¡Ay Dios, qué angustia sentirse un reflejo, aprisionado en un cristal!
Me gustó mucho el concepto del lado tieso del espejo.
Abrazos y ¡buenas vacaciones nena!

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias chicos, un beso grande.