miércoles, 18 de agosto de 2010

ENTRE CIEGOS



Como todos los domingos, esperaba a mi mujer sentado en un banco de la plaza. Las homilías me aburren. Otra mañana tranquila y solitaria, me dije. Al menos eso creí, hasta que vi al ciego. Pasó junto a mí. El sol se adhirió en su cabeza. Sentí lástima por él, que fue diluyéndose en una especie de admiración. Sus pasos tímidos acompañaban el torpe zigzag de una mano alargada. Se tambaleó ¬casi cae al suelo¬ pero rápidamente volvió a su recorrido simétrico hasta hacerse pequeño.

La oscuridad que se hospeda en mis ojos es un mundo sin horizonte”, dijo el ciego aliviado, al tropezar con un ángel.
“¿Cuántas veces observan el horizonte los hombres que pueden ver?”, respondió el ángel.

Otra mañana ordinaria, en la cual sólo vi a un pobre ciego mascullando.
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(Imagen tomada de la web)

6 comentarios:

manuespada dijo...

Los editores aseguran que se van a poner de moda los ángeles, robándoles la cartera a los vampiros, que ya están muy trillados, así que puedes ser pionera.

Jesus Esnaola dijo...

Una mañana cualquiera, desde luego. Por mucho que uno lo intenta qué difícil es imaginar lo que siente, lo que vive una persona ciega. Yo no sé si los ciegos pueden ver, oír, sentir a los ángeles, pero desde luego, es una hermosa posibilidad.
Y la mujer escuchando homilías.

Un abrazo Fabiana.

Gemma dijo...

Muy pocas, desde luego.

Hay que ser un ciego visionario, por lo pronto, para poder tropezarse con un ángel como el de tu micro.
Un abrazo

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Jajaja, Manu, por ahora los editores no me preocupan. Lo de "pionera" lo pongo en duda, tantos han escrito ya sobre ángeles en sus minis. Un abrazo, gracias por pasar.

Jesus, gracias por tu comentario, un gusto que pases por aquí. Los ciegos son personas muy especiales (los admiro muchísimo, cargan ellos con el peor de mis miedos...) Un abrazo.


Gemma, gracias por tu visita.
Es triste y real que sean pocas...

A veces, basta la sensibilidad para no dejar pasar las cosas simples de la vida. Un beso gigante.

hugo dijo...

Hola Fabiana:

Dos textos que contraponen dos tipos de ignorancias. La del narrador, que pasa de la lástima a la admiración -dos formas supremas de ignorancia porque impiden el "conocimiento" directo-, pero que exige a su ocio un mínimo de sensibilidad: observar como se empequeñece la figura del ciego en la medida que se se aleja.
La ignorancia del ciego es en principio obvia por naturaleza:no ve y el conocimiento de "lo otro" se le puede hacer un poco más arduo, aunque Sábato haya expuesto aspectos muy interesantes en esa línea. El tropiezo del ciego lo salda el ángel y nace "el,principio
de una gran amistad" (...o no). Ahora bien, tengo una duda: si el horizonte, sobre todo, en su vertiente más retórica y filosófica, se convierte en tema de conversación entre los dos: la idea del horizonte del ciego y la del ángel son, en principio diferentes. O dicho de otra forma, en el texto hay al menos tres percepciones diferentes del horizonte, la más "perdicera", la del narrador; la más dudosa, la del ciego, la más enigmática, la del ángel ¿son las mismas ideas del horizonte las del ciego y las del ángel?

¿O quizá soy yo que siempre tengo que meter la pata? si así fuera mil disculpas.

Muy bueno el retrato de la necedad del narrador en la frase de cierre que le da más realce al diálogo que le antecede.

nos leemos,
chau,
hugo

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

HUGO querido, temo que al contestar los interrogantes planteados cercene la imaginación e interpretación de otros lectores.
Cuando las letras se escapan de mi cabeza y buscan refugio en este rinconcito, siento que ya les pertenecen de la forma que ustedes lo sueñen…
Sujeta a esta terca manera de pensar, les regalo, cada vez que las ocupaciones me lo permiten, un poquito de mi interior para hacerlo de ustedes.

Aún así, Hugo (agradecida y halagada por los comentarios y el estudio que nos entregas gentilmente) puedo decirte que quizá sea todo más sencillo.
Pretendí con este mínimo texto agitar la sensibilidad de los hombres. ¡Cómo me gusta la gente que sabe sentir y lo demuestra! Cuando uno siente y agradece por ello, el horizonte es un regalo cotidiano: darse cuenta es la mejor manera de ver...


Un abrazo admirado, por estas palabras tuyas y por esa "maravillosa mano que me diste".