martes, 7 de septiembre de 2010

EL DECRETO


Mi conciencia, aún esclavizada, deletrea su nombre. Me resistí a obedecer las instrucciones de los colegas del estudio y presenté la demanda sin titubeos. Él debía ser el indicado. Inteligente, encantador, resuelto. Las encuestas del foro local daban cuenta de su probidad y sano juicio.
Desde aquel día, soporto sobre mis hombros mustios, el peso de la equivocación y las bromas de mis compañeros como una mochila cargada de desazones.
El decreto no era más que un decreto. Inexpresivo, devastador, exacto. El juez se declaró incompetente, y las burbujas de mi amor se escurrieron por las rendijas de su juzgado.
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(Imagen tomada de la web) ( No estoy hecha para estos concursos de abogados...)

4 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Si te sirve de consuelo, Fabiana, yo tampoco consigo hacerme con este concurso, será porque lo único que me estimula de él, es el premio.
Tú tienes más pecado que eres abogada!

Un abrazo.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Jesus,tienes razón, jajajaja, doble culpa. Quizá la realidad de los pasillos de tribunales no me inspire demasiado...

Un abrazo.

*Sechat* dijo...

Nunca se deben juntar el placer con los negocios, según dicen. Un besazo.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Así será entonces,Sechat. Gracias por pasar. Saludos.