miércoles, 27 de octubre de 2010

SILENCIO COMPARTIDO


El ronquido del ascensor es diferente cuando él llega. Imagina la tersura de la piel, sus pies descalzos, el aroma de su aliento. Luego, la quejumbrosa puerta plegable parece cerrarse en la humedad de sus entrañas. Unos cuantos pasos presurosos le acariciarán los oídos hasta entrada la tarde. Él también la imagina.
Por dentro, el mundo de ambos es consabido (Ella retorna a los quehaceres. Él almuerza solo. El colegio de los niños y la tintorería. Las interminables horas de oficina y el golf con los muchachos. Y Lucía.)
En las noches, un mohín del azar los encuentra en el pasillo. Él la saluda. Ella responde con una tímida sonrisa que arrima al hombro.
Les basta un confesionario en las miradas. Se saben a salvo en ese silencio compartido.


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( Imagen tomada de la web)

viernes, 22 de octubre de 2010

INVASIÓN


Llega cuando languidece el sol. Abandona los trastos deportivos detrás del armario y se tiende desaseado sobre la cama. El muchacho enrosca con tranquilidad el lóbulo de la oreja y lo suelta. En seguida ubicada en su lugar la blanda distracción, vuelve a enroscar y vuelve a soltar, mientras su mirada luce perdida tras el fúlgido cuadrado. Se siente invadido. Un aterrador alienígena ataca la región. Esa mujer habita en su cabeza, desborda su pecho y se dispersa como un cosquilleo inquieto hasta la palma de su mano. El héroe adolescente guiado por las llamadas de los pobladores se transforma en un asombroso robot y desafía al extraño con sus poderes. Su mirada no regresa, está absorbida por esa mujer cuya forma se apodera del contorno de las cosas, y que ahora obstaculiza, antojadizamente las transmisiones de esa lejana y pequeña pantalla.

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(Imagen tomada de la web)

domingo, 10 de octubre de 2010

DECISIONES

Algunos lloran. Otros aguardan cabizbajos en el umbral. Yo entro a pasos firmes. Desde pequeño me enseñaron a enfrentar situaciones azarosas, a disponer el ánimo bajo ese espíritu tribal que impulsó siempre a mis mayores. Recobro la calma mientras el gentío se dispersa por los rincones del patio de baldosas grises. La agitación de las voces se apaga tras la presencia de una mujer vestida de blanco, que me provoca un extraño escalofrío. Juan sonríe socarronamente (para él es más fácil, es el mayor de los tres). —¡A formar! —grita mi hermano desde las escalinatas. Y suena la campana.


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ESTE MICRORRELATO, que comienza con la frase de un concurso, no quiso ir a ningún lado. Feliz y sin cadenas, se quedó aqui para ustedes, en honor a un amigo que respeto mucho y al cual, sin conocer personalmente, estimo sobremanera: HUGO GARCIA.
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.(Imagen tomada de la web)