martes, 22 de febrero de 2011

APARICIONES


No contaré esta historia otra vez. Fue un viernes. O quizá uno de esos días solitarios que la pesadumbre otoñal alarga sin complacencia.
Resignada al aguacero me dejé llevar por la asimetría de los paraguas. Me perdí y en ese mar de gente me sonrieron tus ojos. Te seguí sin querer, mordiendo mis latidos hasta alcanzarte. Nos entregamos al juego aventurado y fugitivo de una pasión silenciada. Ese día, y los días que siguieron, aunque el sol distanciase los encuentros repentinos.
Aquella noche, tendidos en el sillón y extraviados en el soplo huidizo del amor, susurré sin respiración: —No desaparezcas—. Tus manos inquietas y temblorosas se sujetaron con fuerza. —Eres tú quien aparece— respondiste, y me derretí lentamente con el calor de tus entrañas.

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( Cuadro de Campanella, pintor argentino)