viernes, 22 de abril de 2011

FRAGMENTOS DEL INTERIOR. LA PASCUA


La celebración de la Pascua, me trae muchas reminiscencias. La frondosa procesión recorriendo las calles del pueblo. La llovizna de esos días tristes. Los ancianos; los más devotos, quienes arrastraban pasito a pasito una voluntad exhausta. Yo los observaba detenidamente, sobretodo cuando cantaban (porque hacían llegar las vocales al cielo), provocando una sensación macilenta. Los más jóvenes parecían extraños, presumían sus vestimentas, y de cuando en cuando, inventaban muecas de desconsuelo. Los niños, siempre atentos a todo, procurábamos no soltarnos de las manos de los mayores. Una vez me distraje, y de no ser por el gabán anaranjado del abuelo, hubiera sido devorado por el espantoso frío de la orfandad.


Mi mamá solía quedarse en la casa, preparando los pescados (nunca entendí el ayuno, y menos aún, el tener que privarnos, en las vísperas de la resurrección, de los asados que hacía mi padre, justo cuando él disponía de más tiempo para disfrutar en el hogar).


El vía crucis viviente era lo más conmovedor. Un grupo de alumnos y actores contratados representaban escenas de la vida de Jesús. A mí no me importaban sus ficciones. En esos momentos reales abominaba con furia a Poncio Pilato. Sentía ganas de rescatar a Jesús y bajarlo del madero.


Cuando regresábamos, la otra angustia que padecíamos los niños era esperar hasta el domingo. Los huevos de Pascua se guardaban en la alacena. Obedientes, debíamos conformarnos con abrir la puertita y sentir el dulce aroma indomable del chocolate. Las sonrisas regresaban durante el asado y la reunión familiar se prolongaba hasta la tarde. Nos peleábamos por romper los huevos, bastaba un solo golpe certero para disfrutar de los pedazos asimétricos. Los abuelos también competían por los trozos más grandes de chocolate.


Esas eran las Pascuas de mi niñez. Como entonces, estoy intentando rescatar a quienes penden de una cruz. Conservo el aborrecimiento por Poncio Pilato (lo encuentro, a menudo, multiplicado, como los panes) En Semana Santa no como pescados. Mis ayunos son otros ayunos. Esos que verdaderamente me cuestan...


Vivo este tiempo en constante preparación espiritual. No me detengo en el martirio de Jesús, sino en el amor que nos enseñó.

FELICES PASCUAS PARA TODOS. QUE JESÚS RESUCITADO TRAIGA ALEGRÍA A SUS HOGARES.





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.( Imagen tomada de la web)

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