domingo, 29 de mayo de 2011

DAR OÍDOS


Oigo voces. Todo el tiempo. Voces que se pierden erráticas por los senderos del acostumbramiento, como lo hacen las gotas huérfanas de un grifo atascado a medianoche. La tierna voz de una niña que pide el biberón porque siente hambre. ¿Me alcanzas un vaso de agua?, dice el abuelo. La vecina es más insistente, quiere conversar con cada persona que pasa por la vereda. Necesito un abrazo, musita un enamorado. “Los niños del mundo queremos sembrar la semilla de paz, para que juntos la cultivemos y pueda feliz germinar”, canta un coro de niños. ¡No olviden los abrigos!, exclama una madre antes que la puerta se cierre. ¿Podrías jugar conmigo cuando termines la tarea?, suplica una hermanita menor. Todo el tiempo las oigo. ¿Por qué los vivos no pueden oírlas?



2 comentarios:

Claudia Sánchez dijo...

Es que hay algunos vivos que tienen oído selectivo... escuchan lo que quieren, lo que les conviene.
¡Muy bueno Fabiana!
Besos,

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias Claudia. Un abrazo.