martes, 27 de septiembre de 2011

UNTITLED



Llueve. La ciudad ahogada no detiene su rito. Las veredas desbordadas de paraguas y hosquedades muestran el derrotero de tantas soledades. La estridencia de las bocinas reproduce un idioma ancestral, mientras los autobuses descuidados escupen el hedor del aguacero.
Nuestras vidas no son ajenas a esa húmeda carga urbana. Aunque las gotas de tristeza no se esculpan en los rostros y los labios amordacen un secreto. Igual, la ciudad no se detiene…


domingo, 25 de septiembre de 2011

"ENTRE VECINOS"

                Del cómo, dónde y cuándo, de un por qué sin respuestas.

                                         

Mi lugar para escribir es un universo invisible habitado por la estridencia del hogar, asediado por aventuras cotidianas que me mantienen viva. En esas treguas de la realidad, me entrego plena y con “desparpajo estético” (como dice un amigo), al cascabeleo de la ficción.

Así nacen los cuentos. Así nació “Entre vecinos”, unos días antes del cierre del Concurso. En medio de berrinches y juegos de niños, y el aroma de la comida recién horneada y mis amores tocando la guitarra y cantando.

Luego, las apostillas y las correcciones que no tardan en llegar y los buenos amigos que arguyen sobre los méritos y el naufragio. El computador atestado de palabras que no entiende y la expresión dulce y antojadiza de la pequeña de la casa que intenta distraerme: -¡mamá, hoy no te voy a dejar escribir!-. Así, con la única certeza de no saber a dónde se llega cada vez que se comienza…

 
 
Espero que les guste el cuento. Yo, especialmente, agradezco a CORAZÓN DE DULCE DE LECHE, por TODO, TODO. Y a los otros amigos que gentilmente, me regalaron su tiempo, sus críticas y el apoyo incondicional.


“ENTRE VECINOS”


Giovanni De Luca es un envidioso implacable. Lo supe, con certeza, el primer día que destruyó las flores. Esa tarde –cuando todos se marcharon- bailó una tarantela sobre las margaritas. Comenzó sacudiendo, de un lado a otro, metatarsos y falanges, y le siguió el movimiento de todos los miembros, con tal fuerza y velocidad, que la danza parecía impregnada de un poder taumatúrgico, encantador, porque fue el día en que más beneficios me causaron sus desaires.

Tardé en notar la envidia –o no quise hacerlo antes-. Ese ambiente deletéreo era perceptible para todos aquellos que nos rodeaban, excepto para mí.

La diferencia entre nosotros está en que él se nutre de las rivalidades y yo simplemente sonrío feliz.

Quizá la vecindad que compartimos, por más de treinta años, haya contribuido a su inusitada y pertinaz atención.

El sábado que llegamos al barrio –recién casados– en nuestro Peugeot 504, advertimos la presencia de una silueta de talla corta y pronunciado perfil, que fue devorada inmediatamente por las cortinas del ventanal de la casa contigua. Aquella sombra nos acompañaría cada fin de semana, hasta que, un Domingo de Ramos, después de misa, todo cambió. El padre Venancio nos presentó. “Mucho gusto”, dijo, y fue la única vez que vi su sonrisa. “Marconi”, “Marconi”, repetía moviendo la cabeza de arriba para abajo, con una mueca de asombro, como si no nos hubiera conocido de antes. “Qual è il tuo rapporto con Guglielmo Marconi?” preguntó con la voz prestada de sus mayores. Sonreí (esta clase de averiguaciones me recuerdan al aviador, y a las personas que nunca logran ver una serpiente boa que se traga un elefante). “Pobre”, pensé para mí, “siempre va a necesitar explicaciones”.

Los años siguientes fueron todos iguales. Una pareja de jóvenes enamorados que de la mesa a la cama y de la cama al trabajo y del trabajo a la mesa, erigieron una espiral de sueños que fueron cumpliéndose paulatinamente: los niños, la esperanza democrática, el ascenso en la empresa, el auto nuevo, los amigos del Rotary. El vecino de mal genio prefería la pesadilla de las dictaduras y se jactaba por sus atrevidos gustos sobre las mujeres. Joaquín y Pedro, mis hijos varones, tenían prohibido jugar a la pelota en la vereda. Todos conocíamos el celo desmedido con que Giovanni vigilaba su Ferrari 288. Cuando él comenzaba a gritar los goles del Milan, nosotros ya nos habíamos desangrado aullando con “la mano de Dios”.

Sólo Francesca era su debilidad. Siempre había un comensal demás, cuando el aroma de la salsa sacudía las cortinas de su casa. “Esta mujer sabe que a los italianos nos conquistan por el estómago” decía cada vez que la sorprendía amasando los fideos.

El día en que celebré mis cincuenta años, los amigos del club me regalaron un cuadro de Vito Campanella, “Diálogo metafísico“. El vecino analizó los detalles de la obra y murmuró insolente: “No me gusta, demasiado surrealismo entorpece la ficción”. Unos meses más tarde lo encontraría en el Museo Municipal de Bellas Artes de La Plata, en una importante exposición retrospectiva dedicada al pintor.

La literatura rara vez había logrado que coincidiéramos, aunque aún recuerdo aquella noche cuando comentamos los estupendos cuentos de Héctor Tizón, Dante Cayetano Fiorentino, Anderson Imbert, Juan Carlos Dávalos, Pedro Mairal, David Lagmanovich, Luis Franco. Sentí, por instantes, que podía redimirse de cargar el envoltorio de tantas contrariedades. Pero no. Apenas comenzó a resaltar las virtudes poéticas de Adelfa Durrié, disentimos. De repente, sus aspavientos, desbordados de enojo, provocaron en mí un efecto contrario y me fue imposible reprimir un estallido de risa que pronto se convirtió en estruendosas carcajadas. ¡Adelfa Durrié!

Ese día peleamos, y le pregunté consternado: “¿De qué me acusas Giovanni?”. “De ser feliz, Giuseppe”, me confesó. Y dejamos de hablarnos. En realidad, fue él quien enmudeció y desapareció entre los cortinados, como la primera vez.

Durante su funeral, dos años más tarde, creí entrever una silueta de talla corta y bigotes petulantes, que se desvaneció fugaz.

Hace tres meses, volvimos a ser vecinos. Debido a sus ruidosas ocurrencias, Francesca y mis hijos me visitan más a menudo y los nietos llenan la hornacina de flores.

“Giuseppe, cosa stai facendo?”, pronuncia el envidioso cada día. Yo nunca le contesto. Sonrío, mientras él baila tarantelas sobre las frescas margaritas, en las tardes de los muertos.

Publicado en Diario El Liberal ( 6/11/2011) http://www.elliberal.com.ar/ampliada.php?ID=17241

( Seudónimo: Antigua)  MARÍA FABIANA CALDERARI  



COMPARTO UNA ALEGRIA- Fragmentos del interior




El Consejo Norte Cultura realizo el acto de entrega de premios y presentación del libro del I Concurso Regional de Cuento; este acto contó con la presencia de funcionarios provinciales, personalidades de la cultura y los 11 premiados por la región ellos son:




Gran premio Regional Rogelio Signes de la Provincia de Tucumán

Premios por Provincia:

Héctor Omar Quijano de la Provincia de Catamarca.

Julio Misael Herrera de la Provincia de Catamarca

Agustín Guerrero de la Provincia de Jujuy

José Mariano García de la provincia de Jujuy

Emanuel Hernán Carrizo de la Provincia de Salta

Idangel Betancourt de la Provincia de Salta

María Fabiana Calderari de la Provincia de Santiago del Estero

María Pía Danielsen de la Provincia de Santiago del Estero

Pablo Cerone de la Provincia de Tucuman

Sara Graciela Rivas de la Provincia de Tucuman


El Jurado estuvo integrado por referentes de las letras de la Región Noroeste: Liliana Massara (Tucumán), Liliana Bellone (Salta), Marta Graciela Terrera (Santiago del Estero), María Eduarda Mirande (Jujuy) y Juana Collado de Sastre (Catamarca).



La presentación estuvo a cargo del Escritor Santiago Sylvester y el jurado por la provincia de Santiago del Estero, Prof. Marta Graciela Terrera.


Y nosotros, los premiados:

martes, 20 de septiembre de 2011

DESPEDIDA PARA MI TIA BLANCA – Fragmentos del interior



                        Con el encanto inaugural de la primavera se abrió un portal hacia el cielo. Sin amarras ni sombras, viajaste sumida en un tranquilo sueño. Mi padre, sonriendo, tomó tu mano derecha. Ahora podrá leerte sus escritos y recitar con voz de trueno tus poesías. Tu amor, Alberto, besó tus mejillas encendidas y acurrucaste otra vez a tu pequeño niño. Tu nieta pintó en tu regazo un brillante arco iris. Margarita y José Alejandro, junto a tus hermanos, prepararon un banquete, en una mesa larga y ruidosa, como antes, cuando niños, en El Palmar. ¡Ay, El Palmar!, tierra fecunda de ensueños, y esa maravillosa historia de los Calderari, que nos prometimos escribir... 

                          Los otros amores nos quedamos aquí. Hijos, hermanos, cuñados, yernos, nueras, nietos, bisnietos, sobrinos, sobrinos nietos, primos. Un linaje forjado de pasiones, sostenido, en estos momentos que duelen, con la entereza que nos enseñaste. Algunos, sin comprender aún tu partida.

                             Catedrática en las cuestiones de la vida (resistí la enfermedad de mi papá alimentándome de tus consejos sabios), sobresaliente cocinera (tu paso por mi casa me enseñó a preparar el mejor merengue, y custodio algunos secretos sobre repostería que quizá interesen a otras cocineritas que despertarán después), poeta tímida y oculta ( gentilmente me regalaste, hace tiempo, esa poesía para mis maestros, en su día).
Uniste, con habilidad y dulzura, la vehemencia y la sensatez, irradiando firmeza y equilibrio. ¡Te vamos a extrañar!

                           Ahora, mientras unos lloran, se alborotan y enmudecen, otros (los que están cerca) acarician tus manos terrenas remozando  los recuerdos. Quienes estamos lejos, reprochamos al tiempo por la distancia. Imitando tu fortaleza, elijo evocarte con palabras.

                           Este caudaloso río rojo que dibuja nuestros dones, "TE REGALA ESTAS FLORES, QUE NADIE LAS VE”.
                             Hasta pronto...





viernes, 16 de septiembre de 2011

PROMESAS




Tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado. París es tu sueño de novia y mi sueño es tu sonrisa. Aún no es tarde. Apenas pase este aguacero que humedece nuestros días, lucirás el vestido de guipures donde aún anidan los zorzales. Cruzaremos nuestros brazos enamorados y,  llena de ensueño, sostendrás un ramo de gardenias entre tus manos, cuando éstas dejen de temblar.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

LA PARTIDA



La noche es una estrella en tu cucharilla. Su luz es menos tenue que la realidad. La acercas, con parsimonia, hacia tu boca. Intento no mirarte, mordiendo el engaño que se cuela por mi espalda. Ni siquiera te detienes cuando tu nariz intuye el desenlace. El color de la oscuridad sorbe tu cuerpo. Y yo me marcho. Aunque el recuerdo sea el peor veneno.

martes, 6 de septiembre de 2011

LA SUERTE



         Hice cuanto pude para evitar estos escombros que entumecen mi espalda. Oculté la escalera de mi mamá en el galpón del abuelo (aunque subir demandara más esfuerzos y raspaduras) y até los paraguas en las hamacas del jardín. Me deshice de los candelabros de la abuela. El tío Tito estaba de viaje por la Quebrada de Humahuaca y no regresaría hasta el verano. Sin grillos ni espejos alrededor. El momento apropiado.
          Con el aplomo de un gorrión ubiqué el pie derecho. Luego, un leve envión y el otro pie; pegaditos, pasito a pasito. En el equilibrio insonoro de ese vuelo imaginario solté las argollas con sigilosa destreza. Y tuvo que maullar el gato blanco del vecino.