martes, 6 de septiembre de 2011

LA SUERTE



         Hice cuanto pude para evitar estos escombros que entumecen mi espalda. Oculté la escalera de mi mamá en el galpón del abuelo (aunque subir demandara más esfuerzos y raspaduras) y até los paraguas en las hamacas del jardín. Me deshice de los candelabros de la abuela. El tío Tito estaba de viaje por la Quebrada de Humahuaca y no regresaría hasta el verano. Sin grillos ni espejos alrededor. El momento apropiado.
          Con el aplomo de un gorrión ubiqué el pie derecho. Luego, un leve envión y el otro pie; pegaditos, pasito a pasito. En el equilibrio insonoro de ese vuelo imaginario solté las argollas con sigilosa destreza. Y tuvo que maullar el gato blanco del vecino.








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