martes, 27 de septiembre de 2011

UNTITLED



Llueve. La ciudad ahogada no detiene su rito. Las veredas desbordadas de paraguas y hosquedades muestran el derrotero de tantas soledades. La estridencia de las bocinas reproduce un idioma ancestral, mientras los autobuses descuidados escupen el hedor del aguacero.
Nuestras vidas no son ajenas a esa húmeda carga urbana. Aunque las gotas de tristeza no se esculpan en los rostros y los labios amordacen un secreto. Igual, la ciudad no se detiene…


4 comentarios:

Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄ƷSechatƸ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ dijo...

Nueva imagen por lo que veo (aunque, hacía mucho que no me pasaba la verdad)... Me ha encantado ese viaje de sensaciones y lleno de carga urbana. Simplemente maravilloso.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Muchas gracias Sechat. Me alegro que te haya gustado( uno siente que vale la pena jugar con las palabras...)
Un abrazo.

hugo dijo...

Hola Fabiana:

Hacía días que no pasaba por aquí, por más que siempre te visito.

Del micro dos cosas interesantes, por una parte, el corte sincrónico de un día de lluvia en la ciudad, en cualquier ciudad, muy bueno lo de "las veredas desbordadas de paraguas y hosquedades", buen hallazgo y recuperación "hosco", palabra no muy usada en el español peninsular.

Por otra parte, el día de lluvia, abre una reflexión sobre la soledad, como si en esos días lo urbano volviera más hostil a lo humano. La ciudad se lleva muy mal con el agua. La ciudad organiza un espacio en el que intenta organizar (y hasta armonizar)la convivencia de máquina con el paseante. Cuando aparece la lluvia todo eso se distorsiona y la soledad abre las puertas de la hosquedad.

Buena prosa y buena reflexión.

nos leemos y nos escribimos,

un beso,
hugo

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Muchas gracias Hugo. Es un honor y un gusto tu visita.
Gracias por tu análisis y tus enseñanzas. Un abrazo.