jueves, 6 de octubre de 2011

INGENUIDAD




Son las doce horas, un minuto y quince segundos. Nada…Seguí fielmente las indicaciones de la anciana. Una noche de luna llena, en el quinto peldaño de las escaleras universitarias, tres saltitos con los pies descalzos y los ojos cerrados por diez minutos. Así pasó un mes, y otro y, nada. Perdí dos pares de zapatos y una noche, de repente, mi bicicleta se transformó en calabaza. Sólo quiero encontrar un príncipe. Olvido algo, seguro. Insistiré el próximo mes.



2 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

A saber dónde se encuentra el error que nos impide alcanzar el sueño de toda la vida. Pero ese error es necesario para que la búsqueda, aun en el absurdo, tenga sentido. Veo que sigues estando en forma. Yo, por mi parte, insisto en leerte. Un abrazo.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Gracias Pedro. Recibo con alegría tu visita. Otro abrazo.