jueves, 17 de noviembre de 2011

TRAVESURA CANINA


“Muerto pero mío”, pensó para sí la niña, disimulando la villanía con una mueca de congoja. Después de todo, fue ella quien entretuvo a Eulogia para que Guille sustrajera el recipiente de la cocina, y recolectó las hormigas, los escarabajos y cuantas lombrices pudo encontrar escarbando el jardín.

“¡No!”. “¡No!”. “¡No y no!”, respondía Guille a cada pedido de su hermana, que fue transformándose de una súplica compasiva a un sollozo desamparado. Y nada.

Faltaba una semana para la feria de ciencias en la escuela, y Romina no había logrado que su hermano le prestara el sapo, ni siquiera por unos minutos.

Durante la noche, decidida y porfiada, una pequeña mano exploradora liberó de su cautiverio al disputado anfibio. Cacique aprovecharía la oportunidad, seguro. Y Guille, lo necesitaba vivo…





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