martes, 31 de julio de 2012


PODER SENSITIVO


Esta obstinada costumbre de acondicionar el entorno… Los objetos inanimados pueden comunicarse. Nos escuchan. A  veces, nos acarician, nos acompañan. Basta poner atención. Cuando nos topamos con una pared no es porque cargamos mucha prisa. Las puertas crujen y los grifos gotean  cuando conllevan nuestras penas,  y el viento siempre está de humor para jugar a las escondidas. Las almohadas no son mudas ni ciegas, ni sordas, son sólo discretas. Y  los espejos, cándidos y valerosos, guardan nuestros pudores y los espantos. Los cielorrasos, la mejor agenda. Los muebles  adecentan el sueño de los niños y la vigilia de los ancianos. Las lámparas encogen a la soledad y el agua de lluvia empapa a los locos con arabescos de tinta. También nos tienen compasión; estamos tan ocupados para darnos cuenta de que la imaginación no es más que un centinela del corazón.
Una obstinada costumbre.  Y qué.

viernes, 20 de julio de 2012

COMPENSACIÓN OCULTA


Regreso a la niñez para comprenderlo mejor.
Fui un niño retraído. Mis ojos deseaban la vida feliz de los otros, que terminaba anudándose en mi garganta.La timidez perpetua del ánimo me destinó a imaginar al amigo que me acompañara por aquellos días. Amititi, compinche fiel y sumiso.
 Lo aventaje en todas las ocurrencias. Atrapar las palomas en la plaza, franquear árboles en bicicleta, pisar cierta cantidad de baldosas hasta alcanzar una esquina. Fui siempre más avezado que él.
Hasta ayer. Cuando lo volví a ver. Estaba igual. De no ser por su astuta mano. Y su dulce boca. Acarició y besó primero a mi madre.
Quedamos compensados ocultamente los amigos. No pude vencerle para despedir a esa mujer frìa y demacrada. 



miércoles, 18 de julio de 2012

Un cumplido pegajoso



El 20 de julio se celebra la amistad. A mí, me gusta celebrarla todo el año con los amigos que merecen ese incondicional respeto y cariño.


Sin embargo, este 20 de julio, me gustaría recordar  a un amigo por última vez. Ese amigo egoísta y engreído, a quien di amables atenciones y afecto sincero. Y él, me llenó de desplantes hasta el escarnio. Será un agasajo profundo y silencioso: en una breve ceremonia, cerraré lentamente mis ojos, colocaré el dedo índice en la nariz y girando, girando, borraré, con desapego, cada letra de su nombre. This is the best tribute that can be done for the people who is as good as the snot. Lástima que no le llegue, lástima…

jueves, 12 de julio de 2012

INSPIRACIÓN




El agua de lluvia tiene poderes sobre el pueblo de Allalulé. Sus habitantes se preparan para esta tarde de invierno porque ya saben que va a llover. A la lluvia no la preceden nubarrones ubicuos y desparejos, ni se oscurece el día o truenan los cielos. “No hay otro indicio que los jilgueros sobre los yermos”, cuenta Federico, el poeta del pueblo. Gorjean las aves y todos corren. Corren hacia los páramos para enjugar sus penas y desengaños. Sólo el poeta se resguarda. Él, siempre disfruta el aguacero desde su ventana.




A mi amigo sincero. Para que sus años siempre tengan lluvia.

sábado, 7 de julio de 2012

NO PUDE. Fragmentos del interior





No pude dedicarme enteramente a la literatura. No pude…No logré leer los libros que pesan en las bibliotecas que me rodean. Al igual que mi padre. Intenté acomodarme en el mullido espacio del silencio para acariciar cada página, cada párrafo. Leer, leer, leer y entintar los universos blancos. Aprender a utilizar las condicionales y las comas. Fueron más fuertes los estruendos desde el mundo del derecho.

Y luego el amor que encogió el tiempo tierno y súbitamente me llevó al altar. Al más puro y complicado estado del ser humano. A la más noble y maravillosa conversión de hacernos uno, él y yo. Él, un potro brioso, libre, de risa contagiosa y corazón fresco. Un hombre cándido e indómito. Yo, yo. Inexperta, apasionada, rebelde, formal, tímida, predecible, casi aburrida. O no. Y los niños que nos trajeron la fe y le dieron sabor a la esperanza. Y se nos pegó el miedo a la muerte. Y nos aferramos a esa insólita, estúpida, inútil costumbre de atesorar las programaciones. Y no pude ensamblar la entrega monástica que requiere la lectura con la abadía cotidiana del hogar. Y el lenguaje jurídico, erecto y despojado de encanto, que impuso y enhebró sus torzales. No pude.

Si acaso ella, otra vez, tan escurridiza y desvergonzada, se posara sobre mi nariz, yo, otra vez, no levantaría los hombros ni arrugaría la trompa mostrando mis palmas. Nunca más, ese mohín cobarde frente a la oportunidad.







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( Imagen tomada de la web)