jueves, 12 de julio de 2012

INSPIRACIÓN




El agua de lluvia tiene poderes sobre el pueblo de Allalulé. Sus habitantes se preparan para esta tarde de invierno porque ya saben que va a llover. A la lluvia no la preceden nubarrones ubicuos y desparejos, ni se oscurece el día o truenan los cielos. “No hay otro indicio que los jilgueros sobre los yermos”, cuenta Federico, el poeta del pueblo. Gorjean las aves y todos corren. Corren hacia los páramos para enjugar sus penas y desengaños. Sólo el poeta se resguarda. Él, siempre disfruta el aguacero desde su ventana.




A mi amigo sincero. Para que sus años siempre tengan lluvia.

2 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Lo guardaré como un tesoro, querida Fabi.

Mil gracias!

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Un honor tu visita, y tu amistad un gran regalo de la vida.
Que continuen tus éxitos, tan merecidos.
Abrazos