miércoles, 17 de julio de 2013

MATAR EL TIEMPO

  A veces siento ganas de luchar. Sobre todo, cuando la tarde amodorrada se niega a oscurecer. Hoy logro ver como en el vidrio de la ventana las gotas se funden, unas tras otras, presurosas. Se convierten en un trazo húmedo y certero que anticipa la complicidad ante el ataque. Cualquier arma es más poderosa que la impaciencia (o menos dolorosa). Un crimen limpio y sin huellas, pienso. Casi perfecto, de no ser por este arquetipo de huesos descosidos.
    Quiero ganarle. Voy a fingir que, poco a poco, comienzo a olvidar el nombre de las cosas, que me olvido de los sueños y de cómo dejar de pensar. Sé que no va a parar de llover.
“¡Me muero!”, le espeto con un ademán asesino. Quiero ganarle. Y el tiempo, con su ojo intuitivo me sonríe, acariciando mansamente mi  pecho inerte.  


martes, 16 de julio de 2013


 

DESAHOGO

 

        Dicen que el poder cambia a los hombres. No creo que el poder tenga ese poder.  Estoy convencida de que el poder sólo los muestra tal cual son. A algunos de ellos, más  tarde o más temprano los muerde la soledad. Esos no me preocupan. Son los otros los que me provocan náuseas. Los que, ante estos poderosos seres errantes, pierden su rostro. Y no hay miseria más profunda que esa. Es como renunciar a lo que son para amoldarse a las ancas de otros. Siempre huelen mal. Pobres ellos. Y pobres nosotros que tenemos que convivir con los sin rostros.   
       Camino hacia algún lugar  y recuerdo una canción de Mónica Posse:  
 
… ¿A  dónde van los locos, los que dicen la verdad? ¿Qué hacen con la basura en esta ciudad? “