martes, 19 de mayo de 2015

SORPRESA INDISCRETA 
 


¿Y las azules, las del abuelo?“, me interrogó Martina sonrojada. “Ambas” respondí. “¿Segura?”, insistió. Tomó la que estaba entre los juguetes y la puso debajo de la cama. A la otra no pudimos encontrarla. Terminé de acomodar el living y llegaron las visitas. “¿Café?”, los invitados asintieron con una mueca. Compartimos una agradable tertulia literaria, con especial énfasis en el libro “La mujer travestida” de Orths. Jornada que hubiera culminado de manera exitosa, de no ser por Rayo y el abuelo que irrumpieron en la sala. Uno perseguía al otro, que llevaba colgada entre los dientes, la extraviada pantaleta.

lunes, 11 de mayo de 2015

INDIFERENCIA  CREATIVA


                   Ya no podíamos contar con él. Aunque hubiéramos decidido no crecer. “¡Quédate!”, le gritábamos. “¡Aparece!”, insistía Joaquín con esperanza raquítica. “¡ A pe ra ce !”, balbuceaba yo, temblando. Lloramos. “¡Vuelve!”, le espetamos por última vez. Nuestro amigo invisible había desaparecido. La puerta se abrió y allí estaba ese hombre otra vez. Sentimos que la sonrisa de él era peor que su colmillo vertical. Ahora solo las lágrimas nos acompañan. No sabemos si estas podrán fregar los recuerdos.












jueves, 7 de mayo de 2015

DIALÉCTICA  MUDA               


                   El incómodo cadáver del mediador familiar presidiendo la mesa. Tarsos, metatarsos y falanges aún sostienen la escuálida mandíbula. “¿Gusta?”, le invito con cáustica generosidad, mientras presto atención a sus fríos conceptos sobre las formas de erradicar la violencia familiar. Le respondo. No logra comprenderme. Doy tajantes explicaciones. Él insiste. Sus requilorios sobre el género delicado son aburridos. Cuánto ignora, pobre. Rara vez las posturas antagónicas resultan cómodas. Prefiero continuar con el ritual de la cena. Trituro algo con los dientes. Trago, y en  mi boca queda un tierno sabor a mujer.



miércoles, 29 de abril de 2015

En un paso 

Conseguiré una capa mágica. De seda y encaje. Larga, bien larga y de un rojo intenso, exagerado, como el color de los corazones cuando aman. Para esta clase de ritos no resulta trivial el color ni la forma. Ni los deseos. Cuando pueda tocarla, gozaré de la suavidad de esa clase de telas. Luego, con parsimonia y cuidado, la colocaré sobre mis hombros raquíticos. Y lentamente dejaré de ser invisible...