jueves, 7 de mayo de 2015

DIALÉCTICA  MUDA               


                   El incómodo cadáver del mediador familiar presidiendo la mesa. Tarsos, metatarsos y falanges aún sostienen la escuálida mandíbula. “¿Gusta?”, le invito con cáustica generosidad, mientras presto atención a sus fríos conceptos sobre las formas de erradicar la violencia familiar. Le respondo. No logra comprenderme. Doy tajantes explicaciones. Él insiste. Sus requilorios sobre el género delicado son aburridos. Cuánto ignora, pobre. Rara vez las posturas antagónicas resultan cómodas. Prefiero continuar con el ritual de la cena. Trituro algo con los dientes. Trago, y en  mi boca queda un tierno sabor a mujer.



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