lunes, 11 de mayo de 2015

INDIFERENCIA  CREATIVA


                   Ya no podíamos contar con él. Aunque hubiéramos decidido no crecer. “¡Quédate!”, le gritábamos. “¡Aparece!”, insistía Joaquín con esperanza raquítica. “¡ A pe ra ce !”, balbuceaba yo, temblando. Lloramos. “¡Vuelve!”, le espetamos por última vez. Nuestro amigo invisible había desaparecido. La puerta se abrió y allí estaba ese hombre otra vez. Sentimos que la sonrisa de él era peor que su colmillo vertical. Ahora solo las lágrimas nos acompañan. No sabemos si estas podrán fregar los recuerdos.












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